Un contrato no se firma para el día bueno. Se firma para el día en que todo se tuerce, que es el único día en el que alguien lo va a leer entero.
No hace falta ser abogado para revisar un contrato de servicios. Hace falta saber qué siete cosas buscar. Con eso, o lo resuelves tú o llegas a tu abogado con las dudas marcadas, y esa consulta cuesta una hora en lugar de cinco.
1 · Alcance: qué entra y qué no
La que más discusiones evita y la que peor se redacta. Busca una descripción concreta con cantidades y límites, y sobre todo la frase que dice qué pasa con lo que no está ahí:
Cualquier trabajo no descrito en este apartado se presupuestará aparte y requerirá aceptación previa por escrito.
Y el número de revisiones incluidas. Dos o tres. Es donde se van las horas invisibles.
2 · Pago: cuándo, cómo y qué pasa si no
- Anticipo a la firma, entre el 30 y el 50 %.
- Hitos de pago si el proyecto dura más de un mes.
- Plazo desde la emisión de la factura, no desde su aprobación interna. Ahí se pierden las semanas invisibles.
- Intereses de demora y derecho a suspender el servicio ante impago.
El derecho a suspender es más útil que los intereses. No lo vas a ejercer casi nunca, y tenerlo por escrito cambia el tono de la conversación del día 30.
3 · Propiedad: quién se queda lo que haces
Qué derechos se ceden, para qué usos, en qué territorio y por cuánto tiempo. Y crucialmente, cuándo se produce la cesión:
La cesión de derechos queda condicionada al pago íntegro del precio.
Sin esa frase: entregas, el cliente usa el trabajo, no paga, y tú reclamas una deuda mientras él usa algo que ya es suyo.
Y excluye expresamente tus métodos y materiales preexistentes. Sin esa exclusión estás regalando tu propia caja de herramientas proyecto a proyecto.
4 · Responsabilidad: hasta dónde respondes
Busca un límite. Lo razonable es limitarla al importe del contrato, o a un múltiplo pequeño, excluyendo daños indirectos y lucro cesante.
Responsabilidad ilimitada incluyendo daños indirectos. Convierte un proyecto de 8.000 € en una exposición sin techo. Un contrato cuyo peor escenario te arruina no se firma aunque el escenario probable sea excelente.
5 · Plazos y quién los incumple
Busca simetría. La mayoría de los retrasos en servicios los causa el cliente: no envía materiales, no da acceso, no valida. Si el contrato solo te penaliza a ti, estás asumiendo el riesgo de la gestión ajena.
Los plazos quedarán automáticamente prorrogados por el tiempo de demora imputable al cliente en la entrega de materiales, accesos o validaciones.
Se acepta casi siempre porque es evidentemente justa.
6 · Salida: cómo se termina esto
Preaviso con días concretos, qué se paga por el trabajo ya realizado, si el anticipo se devuelve y qué ocurre con materiales y accesos.
Un contrato de mantenimiento sin preaviso puede terminar el día 30 con un mensaje, y eso hace imposible planificar la caja.
7 · Exclusividad, no competencia y confidencialidad
Que sean limitadas en tiempo, ámbito y objeto. Y que si te limitan la capacidad de trabajar, haya contrapartida. La confidencialidad, recíproca.
Lo que no está también cuenta
- ¿Dice qué pasa si el cliente desaparece a mitad de proyecto?
- ¿Dice cuándo se considera entregado y aceptado el trabajo?
- ¿Dice quién asume costes de terceros: licencias, herramientas, desplazamientos?
- ¿Dice qué ocurre si cambia la persona de contacto?
Esto es formación, no asesoramiento jurídico. La validez y el alcance de cada cláusula dependen de la legislación aplicable, que varía por país y cambia. Para firmar algo relevante, revísalo con un abogado.