La cuenta que casi nadie hace a tiempo
La dilución no se nota en la ronda uno. Se nota en la tres, cuando alguien abre la tabla de participaciones y descubre que de aquel sesenta por ciento inicial queda algo que no esperaba.
Y para entonces ya no hay nada que negociar, porque cada ronda anterior se firmó por separado y ninguna parecía grave por sí sola.
Lo que se olvida al calcularlo
- El paquete del equipo. Las participaciones reservadas para futuras contrataciones diluyen igual, y casi siempre se crean antes de la ronda, no después.
- Que las rondas se encadenan. Dos rondas del veinte por ciento no te quitan el cuarenta: te dejan en el sesenta y cuatro por ciento de lo que tenías, porque la segunda se aplica sobre lo que quedó.
- Las preferencias de liquidación. No cambian tu porcentaje pero sí lo que cobras al vender, y a veces mucho.
La pregunta no es cuánto te diluyes. Es si el pastel crece más de lo que encoge tu porción. Si no crece, estás pagando por seguir sentado en la mesa.
Lo que se mira antes de firmar
El porcentaje es lo más visible y casi nunca es lo más importante. Lo que decide qué te llevas son las condiciones: preferencias de liquidación, derechos de veto, quién controla el consejo y qué pasa si aparece una venta que a ti te conviene y a otro no.
Esa parte no cabe en una calculadora y es exactamente donde hay que gastar dinero en un abogado que haya visto veinte operaciones.
Esto es formación, no asesoramiento jurídico ni financiero. La estructura de una ronda, sus preferencias y sus efectos varían mucho por operación y por jurisdicción. Antes de firmar nada, consulta con un abogado mercantil.