Las dos tarifas que tienes sin saberlo
Una es la que dices en las reuniones. La otra es la que de verdad cobras, y sale de dividir lo que facturas entre todas las horas que trabajas, no solo entre las que aparecen en un presupuesto.
La distancia entre las dos suele ser de un tercio, y explica bastante bien esa sensación de trabajar mucho sin verlo reflejado en ningún sitio.
El trabajo que nadie te paga por separado
Hay una parte de la semana que es imprescindible y que ningún cliente firma:
- Prospección y propuestas. Incluidas, y sobre todo, las que no salen.
- Administración. Facturar, reclamar, cuadrar, papeleo.
- Reuniones de cortesía. Las que se aceptan por si acaso.
- Mantenerte al día. Que no es opcional en casi ningún oficio.
Todo eso lo paga tu tarifa. Si tu tarifa no lo contempla, lo estás pagando tú con horas.
Tu tarifa de catálogo no es lo que quieres ganar por hora. Es lo que quieres ganar por hora dividido entre la proporción de horas que puedes facturar.
Qué se hace con el número
Dos cosas concretas. La primera es dejar de aceptar trabajos por debajo de la tarifa que sale aquí, aunque el importe total parezca grande.
La segunda es bajar el porcentaje no facturable, que casi siempre da más margen que subir el precio. Menos propuestas mejor dirigidas, menos reuniones sin criterio y menos administración manual mueven ese número más deprisa de lo que parece.