Hay una forma de no trabajar que no se parece a no trabajar. Se llama procrastinación productiva y es la más cara de todas, porque ni siquiera te deja el consuelo de haber descansado.
La procrastinación clásica es evidente. Te pones a ver vídeos, se te va la tarde y sabes perfectamente que has perdido la tarde. Duele, pero al menos hay diagnóstico.
La procrastinación productiva es otra cosa. Te pasas el martes rediseñando la web. Estuviste ocho horas concentrado, tomaste decisiones, resolviste problemas y acabaste agotado. Y sin embargo, al final del día, tu negocio está exactamente donde estaba el lunes. Con una web un poco más bonita que nadie va a ver, porque el problema nunca fue la web.
Cómo se reconoce
Hay un filtro que no falla y que consiste en una sola pregunta hecha sobre la tarea, no sobre ti:
Si hago esto perfectamente hoy, ¿aumenta la probabilidad de que entre dinero en las próximas ocho semanas?