La razón por la que tu facturación sube y baja como una sierra no es el mercado, ni la estacionalidad, ni la suerte. Es el orden de tu día.
El patrón es tan repetido que se puede describir sin conocerte. Mes con trabajo: entregas, estás ocupado, no prospectas. Mes siguiente: entregaste todo, cobraste, y de repente no hay nada en el embudo. Prospectas a la desesperada, aceptas lo primero que sale por menos dinero del que vale, entregas, y vuelta a empezar.
Eso no se arregla vendiendo mejor. Se arregla no dejando de vender nunca. Y no dejar de vender nunca no es una cuestión de voluntad: es una cuestión de dónde pones la venta en el día.
Por qué va primero y no después
Cuando lo urgente y lo importante comparten agenda, lo urgente gana siempre. No a veces: siempre. Un cliente que escribe a las once pidiendo un cambio para hoy es urgente. Escribirle a un desconocido que igual te contesta en tres semanas no lo es.
Si el bloque de venta está a las seis de la tarde, va a desaparecer. No porque seas indisciplinado, sino porque a las seis de la tarde ya ha pasado el día y siempre hay algo pendiente que se lo come.