Casi todo el mundo hace mal esta cuenta. Mira el salario bruto, lo compara con lo que factura y decide. Faltan dos pasos, y el segundo es el que de verdad decide.
Paso 1 · El coste de empresa no es el bruto
Al salario bruto hay que sumarle las cotizaciones a cargo de la empresa, que en España suelen rondar un tercio adicional según el tipo de contrato y la actividad.
Un salario de 24.000 € brutos anuales sale por unos 31.700 € de coste real. Unos 2.640 € al mes.
Paso 2 · Esa persona no se paga con facturación, se paga con margen
Este es el paso que casi nadie da y el que cambia la decisión.
Si tu margen es del cuarenta y cinco por ciento, cada euro de coste necesita 2,22 € de facturación nueva. Los 2.640 € mensuales necesitan unos 5.870 € de facturación adicional al mes. Casi 70.000 € al año.
Y adicional significa adicional. No sobre tu facturación total: nueva, que antes no existía.
Los tres costes que nadie presupuesta
- Tu tiempo de formación y supervisión. Los primeros dos o tres meses vas a dedicar entre cinco y diez horas semanales a esa persona. Ese tiempo sale de tus horas facturables.
- El periodo de improductividad. Nadie rinde al cien por cien desde el primer día. Contar con tres meses de rendimiento parcial es realista.
- Equipamiento, herramientas y licencias.
El colchón que hace falta
Antes de contratar, la pregunta de tesorería: ¿podrías pagar seis meses de ese coste si mañana dejara de entrar dinero nuevo?
Con menos, cualquier bache te obliga a tomar la decisión de despedir por motivos de caja y no de desempeño, que es la peor forma posible de tomarla.
Las cuatro señales de que ya toca
Las cuatro a la vez, no dos de cuatro:
- Llevas meses rechazando trabajo bueno, bien pagado y de tu tipo de cliente.
- El cuello de botella es una tarea concreta y repetible, no la dirección del negocio.
- Tienes visibilidad de ingresos para al menos seis meses. Contratos firmados o recurrencia demostrada, no una racha buena de dos meses.
- Puedes explicar en una frase qué hará y cómo sabrás si lo hace bien.
Si falla la cuarta, no contrates aunque las otras tres se cumplan. Es la que más se ignora y la que más contrataciones fallidas explica.
Las tres trampas que parecen señales
Estás agobiado. El agobio y la falta de capacidad se parecen mucho por dentro y son problemas distintos. Uno se arregla con procesos y dejando de aceptar encargos malos. El otro, con una persona. Confundirlos cuesta unos treinta mil euros al año.
Un cliente grande te lo ha pedido. Contratar para satisfacer a un cliente concreto es atar un coste fijo a una relación que puede terminar en cualquier momento.
Te lo puedes permitir este mes. Un buen mes no financia un coste fijo. La pregunta no es si puedes pagarlo en tu mejor mes: es si podrías en el peor de los últimos dos años.
Lo que se agota antes
- Dejar de hacer teatro. Gratis e inmediato.
- Subir precios y quedarte con menos clientes mejores.
- Automatizar o documentar lo repetitivo.
- Subcontratar puntualmente, sin compromiso fijo.
- Colaborador estable a tiempo parcial.
- Contratación.
La mayoría de la gente salta del uno al seis. Los pasos cuatro y cinco resuelven un porcentaje alto de los casos con una fracción del riesgo.
Esto es formación, no asesoramiento laboral. Los porcentajes de cotización, las bonificaciones y las modalidades de contrato cambian cada año y varían por país. Confírmalos con un asesor antes de contratar.