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Precio · M04

Cómo subir precios a un cliente de hace tres años

· 4 min de lectura

El cliente más antiguo casi siempre es el peor pagado. No porque sea tacaño, sino porque su precio se congeló el día que empezasteis y nadie lo ha vuelto a mirar desde entonces.

Es la situación más común que existe en un negocio de servicios. Empezaste con él cuando no tenías cartera y aceptaste una tarifa de principiante. Han pasado tres años. Ahora eres bastante mejor, tardas la mitad, y sigues cobrando lo mismo.

Y no le subes el precio por una razón que no tiene nada que ver con el dinero: le debes algo. Confió cuando nadie confiaba. Eso pesa, y hace que la conversación parezca una traición en lugar de una actualización.

Lo que han hecho tres años sin tocar el precio

Antes de la conversación conviene mirar el número, porque el número ayuda más que la valentía.

Con una inflación media del tres por ciento anual, tres años se comen alrededor del nueve por ciento del poder adquisitivo de esa tarifa. Si cobras 1.000 € al mes, hoy ese dinero compra lo que compraban 910 € cuando firmasteis. Nadie te lo ha quitado. Simplemente vale menos.

Y hay una segunda pérdida, mayor que la primera y menos visible: tu tarifa de mercado ha subido. No por la inflación, sino porque has acumulado tres años de casos, de errores resueltos y de criterio. Al cliente nuevo le cobras un cuarenta por ciento más que a este. Es decir, el cliente que más tiempo lleva contigo es el que peor precio tiene, y encima es el que más confianza te tiene. Eso está exactamente del revés.

9 % Lo que se lleva la inflación de una tarifa congelada durante tres años. No hace falta que nadie te baje el precio para cobrar menos: basta con no subirlo.

Lo que no se hace

No se pide permiso. "¿Te parecería bien si subiera un poco el precio?" convierte una decisión tuya en una negociación suya. Y la respuesta natural a esa pregunta es no.

No se justifica con tus costes. Que te haya subido el alquiler, la gestoría o el seguro no es asunto del cliente. En cuanto abres esa puerta, la conversación pasa a ser sobre tu contabilidad, y tu contabilidad siempre tiene un hueco por donde discutirte.

No se pide perdón. Cada frase de disculpa que metas es una grieta. "Siento mucho tener que hacer esto" le dice al cliente que tú mismo crees que estás haciendo algo malo.

No se hace en una llamada sorpresa. Por escrito y con tiempo. Una llamada sin aviso obliga a responder en caliente, y la respuesta en caliente a una subida de precio suele ser peor que la reflexionada.

Cómo se dice, en cinco líneas

La estructura que funciona es corta y no tiene adornos:

  1. La fecha. "A partir del 1 de enero."
  2. El precio nuevo. La cifra, sin envolver.
  3. Una frase de contexto. Sin excusas: "es la tarifa a la que trabajo ahora".
  4. Lo que sigue igual. El alcance, los plazos, quién le atiende. Esto tranquiliza más que ninguna otra cosa.
  5. Una puerta abierta. "Si quieres lo vemos en una llamada."

Cinco líneas. Ni una más. Cuanto más largo es el correo, más inseguro suena, y la longitud se lee como duda.

La regla

Una subida de precio se comunica, no se negocia. Lo que se negocia, si acaso, es el calendario.

Las tres respuestas que vas a recibir

Acepta sin comentarios. Es lo más frecuente y suele sorprender. Llevaba tiempo esperando que lo hicieras y le parecía raro que no lo hubieras hecho ya. Cuenta la mitad de los casos.

Acepta y negocia el calendario. Te pide aplicarlo en tres meses en vez de en uno, o repartirlo en dos tramos porque tiene el presupuesto cerrado. Esto es un sí. Concédelo sin pelear: has ganado.

Se va. Pasa, y duele más de lo que las cuentas dicen que debería. Pero antes de asumir que has perdido, haz la resta: si ese cliente ocupaba el treinta por ciento de tus horas y aportaba el quince por ciento de tus ingresos, se acaba de liberar el treinta por ciento de tu capacidad. Lo que hagas con esas horas decide si aquello fue una pérdida o una limpieza.

Qué haces esta semana

Abre la lista de clientes y añade una columna: la fecha de la última vez que cambió su precio. Ordena de más antigua a más reciente.

El primero de esa lista es al que le escribes. Uno solo, esta semana. Cinco líneas, con fecha, con cifra y sin disculpas. Cuando veas la respuesta, sigues por el segundo.

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