Si vender te da vergüenza, casi seguro es porque tienes en la cabeza la imagen equivocada de lo que es vender. Y con esa imagen, la vergüenza es la reacción correcta.
La imagen que casi todo el mundo tiene de un vendedor es la del que insiste. El que llama a horas raras, el que no acepta un no, el que tiene una respuesta preparada para todo y te acorrala hasta que firmas por agotamiento. Si eso es vender, tiene sentido que te dé vergüenza. A cualquiera con criterio le daría.
El problema es que eso no es vender. Eso es presionar, y funciona exactamente en un tipo de negocio: el que no necesita que el cliente vuelva.
Lo que sí es vender
Vender es ayudar a alguien a tomar una decisión que le conviene, con la información sobre la mesa, incluida la parte que no te favorece.
Léelo otra vez, porque la última parte es la que cambia todo. Si de verdad estás ayudando a decidir, a veces la decisión correcta es que no te compre. Y tienes que poder decirlo.