Perseguir una operación que ya está muerta cuesta más de lo que parece. No cuesta el tiempo: cuesta el crédito que ibas a necesitar dentro de seis meses, cuando su situación cambie.
El coste de insistir de más
Cuando alguien ya ha decidido que no y tú sigues escribiendo, ocurren tres cosas a la vez, y ninguna es buena.
- Gastas tiempo comercial en una casilla cerrada. Ese tiempo tenía un uso alternativo: cinco contactos nuevos.
- Quemas la relación futura. El que te asocia con la incomodidad de tener que ignorarte no te va a contestar dentro de un año, cuando sí necesite lo que vendes.
- Te desgastas. El silencio prolongado hace más daño anímico que un no claro, y ese daño lo pagas en la siguiente llamada que hagas.