Cuando el que no paga es un desconocido, es un procedimiento. Cuando es un amigo, un familiar o un cliente de siempre, la mayoría de la gente no reclama nunca. Y acaba perdiendo las dos cosas: el dinero y la relación.
La paradoja de no reclamar
El motivo por el que no reclamas es proteger la relación. Y es exactamente lo que la destruye.
Lo que ocurre cuando callas es previsible: cada vez que ves a esa persona piensas en el dinero. Empiezas a evitarla. Interpretas mal cosas que antes no te habrían molestado. Y al cabo de unos meses la relación está peor de lo que habría estado después de una conversación incómoda de diez minutos.