La reclamación funciona cuando es un procedimiento y falla cuando es una reacción. Sin secuencia escrita, unos meses reclamas el día tres y otros no reclamas nunca, según cómo te haya ido la semana.
El principio que gobierna todo
La mayoría de los impagos no son mala fe. Son desorden administrativo: la factura se traspapeló, la persona que aprueba estaba de baja, entró en un ciclo de pago que ya había cerrado.
Esto importa porque determina el tono. Si reclamas como si te estuvieran robando, la mayoría de las veces estás tratando como delincuente a alguien despistado, y eso daña una relación que era buena. Se reclama con neutralidad y sin disculpas, que es un punto medio bastante fácil de sostener cuando está escrito de antemano.