Un día eres alguien que hace su trabajo bien. Al día siguiente tienes a una persona a cargo y sigues creyendo que tu trabajo es hacer tu trabajo bien. Ya no lo es, y ese malentendido dura de media unos seis meses.
Lo que cambia
Cuando trabajas solo, tu resultado es el trabajo que produces. Cuando tienes a alguien, tu resultado es el trabajo que produce esa persona.
Suena obvio y tiene una consecuencia incómoda: las horas que dedicas a dirigir no producen nada visible ese día. Explicar un proceso, revisar un trabajo, tener una conversación de corrección. Todo eso se siente como tiempo perdido si tu métrica sigue siendo lo que produces tú.