Casi todo el mundo cree que delega y casi nadie delega. Lo que hace la mayoría es repartir tareas y quedarse con todas las decisiones, que es una forma de trabajar más despacio con más gente.
Los cinco niveles de delegación
Nombrarlos es la mitad del trabajo, porque el problema habitual es que tú crees estar en el cuatro y la otra persona cree estar en el uno.
- Haz esto exactamente así. Sin margen. Para tareas críticas y para alguien que empieza.
- Investiga y tráeme opciones. Decide quien delega.
- Recomiéndame qué hacer. La persona decide y tú apruebas.
- Decide y avísame antes de ejecutar. Puedes frenarlo, y casi nunca lo haces.
- Decide y ejecuta. Me lo cuentas después. Autonomía completa dentro de un ámbito.
Todo el mundo empieza en el uno y el objetivo es llegar al cuatro o al cinco en la mayoría de las áreas. Y el error clásico es quedarse en el dos para siempre, que produce a alguien que investiga mucho y no decide nunca.