Una empresa sin beneficios no tiene un valor calculable. Tiene un precio acordado, y ese precio depende de menos ciencia de la que parece.
Qué la determina de verdad
Tracción demostrable, equipo con historial, sector con apetito inversor y, sobre todo, competencia entre inversores por entrar.
Ese último factor es el que más pesa. Por eso conseguir varias conversaciones en paralelo cambia el precio mucho más que cualquier argumento, y por eso hablar con un inversor cada vez elimina justo la palanca que lo determina.
La trampa de la valoración alta
- Hay que justificarla en la siguiente ronda. Si el crecimiento no acompaña, la siguiente se hace a menor valoración, con condiciones duras para los fundadores.
- Condiciona el tipo de salida que resulta aceptable para el inversor.
- Puede venir con cláusulas que la vacían. Una valoración alta con preferencias de liquidación agresivas puede dejarte peor que una menor con condiciones limpias.
Prefiere una valoración razonable con condiciones limpias antes que una alta con cláusulas que no entiendes del todo.
En una salida de socios
En un negocio pequeño y rentable, la valoración suele hacerse por múltiplo del beneficio recurrente. Y hay un descuento importante por dependencia: si todo el valor depende de las personas que se quedan, un comprador no paga un múltiplo alto, porque lo que compra puede irse andando.