El factoring convierte una factura pendiente en dinero hoy, a cambio de un coste. Es una herramienta de circulante, no de financiación estructural.
Las dos modalidades
- Con recurso: si el cliente no paga, respondes tú. Más barato y con el riesgo de tu lado.
- Sin recurso: el riesgo de impago lo asume la entidad. Más caro y te quita ese riesgo.
La diferencia de coste entre las dos es, en la práctica, el precio del seguro de impago de ese cliente.
Cuándo tiene sentido
Cuando el margen del contrato aguanta el coste. La cuenta es sencilla y casi nadie la hace: si el contrato deja 12.000 € de margen anual y financiar el circulante cuesta 900 €, sigue siendo un buen contrato. Si deja 3.000 € y cuesta 2.000 €, ese contrato no era lo que parecía.
Antes de recurrir a él
Se negocian las condiciones. Anticipo, hitos de pago, cómputo desde emisión y confirming. Todas son más baratas que el factoring y todas están disponibles bastante más a menudo de lo que la gente cree.