Ser autónomo significa ejercer una actividad económica por cuenta propia como persona física. No hay una entidad distinta de ti: el negocio eres tú.
Lo que tiene a favor
- Coste bajo de mantenimiento. Sin constitución, sin cuentas anuales, con una contabilidad más simple.
- Rapidez. Se empieza en días.
- Menos obligaciones formales, lo que en un negocio joven es tiempo que se dedica a vender.
El riesgo real
Respondes de las deudas del negocio con tu patrimonio personal. Si algo sale muy mal, no hay separación.
Cuánto pesa eso depende de tu actividad. En un servicio de bajo riesgo con clientes que pagan por adelantado, es un riesgo teórico. En una actividad que puede causar daño a terceros o que exige inmovilizar dinero, es un riesgo serio y ahí la separación patrimonial importa más que cualquier ahorro fiscal.
Cuándo tiene sentido cambiar
Cuando hay más de un socio, cuando el riesgo de la actividad es alto, cuando vas a levantar capital o cuando tus clientes exigen contratar con una sociedad.
La facturación por sí sola no decide: lo que decide es el beneficio y cuánto necesitas sacar cada mes. Esto es formación, no asesoramiento fiscal: la decisión concreta se toma con un asesor y con tus cifras.