El plazo de pago determina cuánto dinero tienes que poner tú para operar. Es una de las variables más importantes de un contrato y una de las que menos se negocian.
El plazo contractual y el plazo real
Un "sesenta días" contractual se convierte con frecuencia en ochenta reales. La factura tiene que llegar al departamento correcto, con el número de pedido correcto, ser aprobada por alguien que puede estar de vacaciones, y entrar en un ciclo de pago con su propia fecha de corte.
Por eso importa tanto negociar que el plazo cuente desde la emisión de la factura y no desde su aprobación interna. Ahí se pierden las semanas invisibles.
Lo que dice la ley en España
La Ley 3/2004 de lucha contra la morosidad establece como norma general un plazo máximo de sesenta días naturales entre empresas, y de treinta si no hay pacto expreso.
Conocerlo da posición al negociar. Usarlo requiere criterio: mencionar la ley a un cliente que quieres conservar puede leerse como una amenaza, y suele funcionar mejor plantearlo como una restricción tuya.
Esto es formación, no asesoramiento jurídico. Los plazos y sus excepciones varían por país y se actualizan.