El circulante es el dinero que tienes que poner tú para que el negocio funcione entre el momento en que pagas y el momento en que cobras. Cuanto mayor sea esa distancia, más dinero necesitas parado.
El cálculo, simplificado
Coste mensual del trabajo multiplicado por los meses hasta cobrar. Si atender un contrato te cuesta 3.000 € al mes y te pagan a noventa días, necesitas unos 9.000 € inmovilizados que no puedes usar para nada más.
La paradoja del crecimiento
El circulante crece con la actividad. Cada proyecto nuevo obliga a adelantar más. Por eso un negocio que cobra tarde y paga pronto empeora su caja cuanto mejor le va: el éxito acelera la caída, y la contabilidad no da ninguna alarma porque en la cuenta de resultados todo va bien.
Cómo se reduce, por orden de coste
- Anticipos. Entre el 30 y el 50 % a la firma. Coste cero.
- Hitos de pago. Cobrar por fases entregadas en lugar de todo al final.
- Confirming, si tu cliente lo tiene. Suele ser la opción más barata de las financiadas.
- Póliza de crédito, contratada cuando la caja está bien y no cuando hace falta.
Antes de buscar financiación se negocian las condiciones. Es lo que casi nadie hace y lo que más dinero ahorra.