Una propuesta de valor es una frase, no un párrafo. Y la prueba de que la tienes clara es que puedes decirla en voz alta sin dudar y que quien la escucha entiende si le sirve o no.
La estructura
Ayudo a [quién exactamente] a [qué problema le quito].
Un ejemplo que funciona: "ayudo a talleres de más de diez personas a dejar de perder dinero en compras duplicadas de material".
Uno que no: "ofrecemos soluciones integrales de optimización para el sector industrial". No dice a quién, no dice qué problema y no permite a nadie saber si le sirve.
Las tres reglas
- Sin adjetivos. Integral, innovador, personalizado y a medida no aportan información.
- Sin la palabra soluciones. Es el sustituto universal de no saber qué haces.
- Con un problema reconocible. Alguien tiene que leerlo y pensar "eso me pasa a mí".
La prueba
Dísela a alguien de fuera de tu sector y pregúntale a quién le serviría lo que haces. Si no lo sabe contestar, la propuesta no está clara todavía, y eso se nota en todas las conversaciones de venta que tienes.