EBITDA son las siglas inglesas de beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. Traducido a lo que importa: el beneficio de la actividad, sin contar cómo está financiada ni cómo tributa.
Para qué sirve de verdad
Para comparar. Dos negocios idénticos pueden dar beneficios muy distintos solo porque uno pidió un préstamo y el otro no, o porque uno compró la maquinaria y el otro la alquila. El EBITDA quita esas diferencias y deja ver si la actividad en sí funciona.
Por eso lo usan los compradores de empresas y los inversores, y por eso las valoraciones se expresan tantas veces como un múltiplo del EBITDA.
Por qué se abusa de él
Porque siempre es mayor que el beneficio de verdad, y en negocios con mucha deuda o mucha inversión la diferencia es enorme.
Un negocio puede presumir de un EBITDA excelente y estar perdiendo dinero, si los intereses y las amortizaciones que se han quitado son grandes. Las siglas no engañan a nadie: engaña quien las presenta sin decir qué hay debajo.
Cuándo te sirve a ti
Si tienes un negocio de servicios sin deuda ni activos, tu EBITDA se parece bastante a tu beneficio y aporta poco.
Empieza a importar cuando hay financiación, cuando hay equipamiento que se amortiza, o cuando alguien va a valorar lo que has construido. Hasta entonces, mira el margen y mira la caja, que te dicen más y son más difíciles de maquillar.