Un falso autónomo es alguien que factura como profesional independiente mientras trabaja, en la práctica, como un empleado. No es una etiqueta moral: es una calificación con consecuencias para las dos partes.
Los indicios que se miran
Ningún indicio decide por sí solo. Lo que se valora es el conjunto:
- Horario impuesto por el cliente.
- Medios de trabajo proporcionados por él: equipo, local, herramientas.
- Instrucciones directas sobre cómo hacer el trabajo, no solo sobre qué resultado se espera.
- Exclusividad de hecho, aunque no esté escrita.
- Integración en la estructura: correo de la empresa, aparecer en el organigrama, acudir a reuniones internas.
- Retribución fija mensual independiente del trabajo entregado.
Por qué te importa aunque te vaya bien
Porque las consecuencias alcanzan a las dos partes y llegan tarde, normalmente cuando la relación se rompe.
Y porque hay un daño anterior y silencioso: quien está en esa situación no está construyendo un negocio. Tiene un cliente único, ningún control sobre su precio y ninguna de las protecciones de un empleado.
Cómo se corrige
Diversificando la cartera, que es lo que quita el indicio principal, y ajustando las condiciones: horarios propios, medios propios, resultado acordado en lugar de instrucciones, y un contrato mercantil que describa lo que de verdad ocurre.
Esto es formación, no asesoramiento laboral. Los criterios de calificación y sus consecuencias varían por país. Si tu situación encaja con la descripción, consúltalo con un abogado laboralista.